Les 400 coups (1959) supuso el debut como realizador de François Truffaut, que se inició en el mundo del cine de la mano de André Bazin, ejerciendo de crítico en la revista Cahiers du cinéma. La película narra el paso a la marginalidad de un muchacho, Antoine Doinel, incomprendido en su escuela y hasta en su familia, donde sus padres descargan en él la tensión que les provocan sus problemas conyugales sin resolver. Vamos como Antoine pasa de ser un estudiante algo rebelde a cometer pequeños hurtos, hasta que es encerrado en un correccional.
Truffaut no solo nos muestra la vida urbana en el París de los años 50 sinó que también quedan retratadas la familia, la escuela, los estudiantes, la policía… En resumen todo un sistema de vida.
Cabe destacar que Antoine Doinel está inspirado en las vivencias biográficas de su realizador. Antoine es caracterizado como un pícaro, un mentiroso encantador que no quiere ser sometido y aspira a conseguir su mayo deseo: ver el mar, aunque para ello deba convertirse en un “fuera de la ley”. A eso le ayudan su familia, totalmente desestructurada, un sistema educativo totalmente severo y uno judicial que lo acaba encerrando en un centro para menores delincuentes.
Truffaut rueda los avatares del muchacho con mucha naturalidad. Los planos y, a veces el sonido, son imperfectos. Todo ello para dar la impresión de que estamos viendo un retazo de vida capturado casi a escondidas, de que estamos observando por una mirilla. La interpretación de Léaud en el papel de Doniel (papel que le acompñaría en otras películas) es natural, fresca, como su personaje. Las situaciones pasan rápidamente, como la atracción el que disfruta Antoine (en la que el mismo Truffaut hizo un Cameo)
En conclusión, la película narra magistralmente el espíritu de inadaptación y rebeldía de un chico que solo aspira a tener su propia personalidad y sobretodo… Ver el mar…

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